¿Me quieres hablar de sueños rotos, a mi? Por algo aprendí a coser...

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Voy…

Y leo para escribirte. Para que un día, el menos pensado. Toques a mi puerta y repitas esas palabras que no dejan de sonar en mi cabeza nunca. Me pregunto a veces si cuando vuelva a escucharlas sonarán igual que como las recuerdo. Me pregunto por qué me permito sonreír a sabiendas de un destino que no incluye los idilios que pretendo hacer inmutables. Pero, quiéralo o no, la sonrisa se acuesta en mi cara como descansando tras un viaje largo, como llegando al hogar. No toda mis sonrisas me pertenecen pero algunas las puedo comprar y quedármelas para siempre. Voy a comprar esta al lugar donde me la han estado guardando… donde me la robaron.